~
Escuchad atentamente
este relato que os cuento,
y tened presente siempre
el peligro que os advierto.
~
Esta es la historia de Boro,
rudo pastor de los montes,
respetado por los osos
y temido por los hombres.
~
Su techo, el azul del cielo
y el firmamento en la noche,
sus enseres, los borregos,
su pared, el horizonte.
~
Solo un don le dio el Señor
para sentirse feliz.
Sólo por esa razón
siente que debe vivir.
~
Y es que una vez cada año,
en el día de San Miguel,
ha de pasar su rebaño
junto al molino de Abel.
~
Allí sabe que le espera,
asomada a la ventana,
la más hermosa doncella
que jamás se imaginara.
~
Pasa Boro todo el año
esperando ese momento,
principio y fin de sus actos
razones y sentimientos.
~
Dedica su soledad
día y noche en la montaña
a buscar en sus entrañas
bellas palabras de amor
que poderle regalar
en la esperada ocasión.
~
Ella, al escuchar sus versos,
le dedica una sonrisa
que a él se le antoja un beso
y colma su alma de dicha.
~
Cinco veces cinco años
así vino a acontecer.
Cinco veces cinco años
en el día de San Miguel.
~
Y al siguiente que contaba
dedicó su soledad
día y noche en la montaña
a buscar en sus entrañas
con toda su alma y su afán
las palabras más hermosas
con que pedir a su amada
ser para siempre su esposa.
~
Y habiéndolas encontrado,
llegó el día de San Miguel,
pero nadie había asomado
junto al Molino de Abel.
~
¿Dónde estás, amada, dónde?
¿qué te pudo suceder?
Se ha casado con el conde,
le respondió el viejo Abel.
~
Cuentan que corrió hacia el monte,
que por allí se perdió.
Lo atravesó tal dolor
que nunca antes sintió hombre.
~
El grito que profirió
heló la sangre a las bestias,
hizo temblar a la tierra
y quebrar el cielo en dos.
~
Unos dicen que murió,
otros que se volvió loco,
el caso es que ya nadie vio
nunca más al pastor Boro.
~
Escuchadme atentamente,
os lo vuelvo a repetir.
Escuchad, incauta gente,
no dirán que no advertí:
~
El alma en pena de Boro
vaga por chats y por foros
agasajando a las damas
con los más bellos piropos
que ellas jamás escucharan.
~
No pueden imaginar
que en el día de San Miguel
el grito más horroroso
que el mundo ha de conocer
será lo último que oirán.
Escuchad atentamente
este relato que os cuento,
y tened presente siempre
el peligro que os advierto.
~
Esta es la historia de Boro,
rudo pastor de los montes,
respetado por los osos
y temido por los hombres.
~
Su techo, el azul del cielo
y el firmamento en la noche,
sus enseres, los borregos,
su pared, el horizonte.
~
Solo un don le dio el Señor
para sentirse feliz.
Sólo por esa razón
siente que debe vivir.
~
Y es que una vez cada año,
en el día de San Miguel,
ha de pasar su rebaño
junto al molino de Abel.
~
Allí sabe que le espera,
asomada a la ventana,
la más hermosa doncella
que jamás se imaginara.
~
Pasa Boro todo el año
esperando ese momento,
principio y fin de sus actos
razones y sentimientos.
~
Dedica su soledad
día y noche en la montaña
a buscar en sus entrañas
bellas palabras de amor
que poderle regalar
en la esperada ocasión.
~
Ella, al escuchar sus versos,
le dedica una sonrisa
que a él se le antoja un beso
y colma su alma de dicha.
~
Cinco veces cinco años
así vino a acontecer.
Cinco veces cinco años
en el día de San Miguel.
~
Y al siguiente que contaba
dedicó su soledad
día y noche en la montaña
a buscar en sus entrañas
con toda su alma y su afán
las palabras más hermosas
con que pedir a su amada
ser para siempre su esposa.
~
Y habiéndolas encontrado,
llegó el día de San Miguel,
pero nadie había asomado
junto al Molino de Abel.
~
¿Dónde estás, amada, dónde?
¿qué te pudo suceder?
Se ha casado con el conde,
le respondió el viejo Abel.
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Cuentan que corrió hacia el monte,
que por allí se perdió.
Lo atravesó tal dolor
que nunca antes sintió hombre.
~
El grito que profirió
heló la sangre a las bestias,
hizo temblar a la tierra
y quebrar el cielo en dos.
~
Unos dicen que murió,
otros que se volvió loco,
el caso es que ya nadie vio
nunca más al pastor Boro.
~
Escuchadme atentamente,
os lo vuelvo a repetir.
Escuchad, incauta gente,
no dirán que no advertí:
~
El alma en pena de Boro
vaga por chats y por foros
agasajando a las damas
con los más bellos piropos
que ellas jamás escucharan.
~
No pueden imaginar
que en el día de San Miguel
el grito más horroroso
que el mundo ha de conocer
será lo último que oirán.
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